Después de algunos día vacacionando por Europa, he vuelto recargadísima de energías y proyectos para lo que queda del año. Apenas pise Lima, sentí que me quería comer el mundo, me sentí gigante. Pero luego, como siempre me suele pasar, comencé a desinflarme cual keke mal hecho. ¿Y porque? Porque siempre que estoy lejos, solo veo lo bueno de casa pero cuando vuelves... recuerdas que todo no es color de rosa. Y aunque, admito, que en esta oportunidad extrañe más casa que en las otras (Porque me fui sola); la sensación al volver fue la misma.
Y no solo eso, sino que Lima me recibió cargada de cachetadas. Primero con el trabajo, con "el chico", e incluso me hizo recuperar los kilos que perdí en Europa. Pero bueno, esta vez todo es diferente, porque a pesar que fui recibida por una cachetada de realidad bien perucha, no lo tome como en otras ocasiones lo hubiera hecho. Esta vez decidí afrontar y no llorar, y en esas estoy...
Siendo sincera por más que he tenido mis segundos de debilidad, en gran parte del día me he sentido de maravilla (el poder de Dios sobre la mente es asombroso). E incluso estoy emocionada por varios proyectos que tengo en mente, no tantos como cuando llegue, pero por algo se empieza. Por lo pronto, empezare una dieta sana y calmare el amor de madre de mi nana, que no deja de cocinarme buenazo.
En los siguientes post les contare detalles del viaje y algunas cositas chistosas que me he ganado llegando a Perú. Un fuerte Abrazo!
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