Como era usual descanso su columna en el duro soporte y enderezo aquellas vertebras que aun no terminaban de despertar. Llevo su mano derecha hasta su nuca y la acaricio con delicadeza, masajeando los músculos endurecidos por los problemas que siempre atacan a una persona de su edad. Deslizó sus rodillas hasta quedar completamente recta y coloco sus manos sobre la superficie plana que sentía delante de su cuerpo. La rozo despacio y sintió como las fibras de aquella superficie acariciaban sus yemas. Tenía miedo de seguir tocando y romper el majestuoso equilibrio que parecía tener esa parte de la tierra.
Un ruido lejano rompió con la armonía de ese momento y de pronto sintió como cada parte de su cuerpo iba despertando y a su paso levantaba los vellos de su piel. Movió el cuello intentando aparecer las ideas y recordar aquello que había prometido no olvidar. El ruido se volvió una secuencia de pasos y el ambiente empezó a coger ritmo. Una secuela de olor invadió el aire e hizo despertar al último órgano de su cuerpo que se resistía a dejar de dormir: Su estomago.
Después de desayunar empezó su día.
Me encanto este texto.. Esscribes muy bien ♥
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